miércoles, 4 de junio de 2008

La Gran Promesa

El Corazón de Jesús y los primeros viernes (III)
5-) La Gran Promesa se entiende en el contexto del culto al Sagrado Corazón de Jesús. La Gran Promesa no se debe considerar como una cosa aislada, sin ninguna relación y conexión con el culto al Corazón del Redentor, sino más bien como una expresión de este culto que en definitiva es «la profesión práctica más completa de la religión cristiana « (Encíclica del Pío XII, n 69). Se debe tener por lo tanto la confianza de que aquellos que han cumplido con rectitud las circunstancias para las comuniones de los primeros viernes, recibirán del omnipotente amor y misericordia infinita de Jesús las gracias necesarias para que puedan vivir la auténtica vida cristiana como la quiere el genuino culto al Sagrado Corazón de Jesús; o de todos modos que se cumpla en ellos el plan de salvación establecido por Dios hasta no poner obstáculos al último y grandioso gesto de la misericordia de su Corazón cual es el don de la perseverancia final. Nótese que la práctica de los primeros viernes, precisamente porque deben ser hechos en el contexto del culto al Corazón de Jesús, llevará a lo que es esencial en el Culto al Corazón de Jesús: la consagración y la reparación. (Encíclica de Pío XII n. 75). Con la consagración queremos dar a nosotros mismos y todas nuestras cosas al Señor reconociendo de esta manera que todo lo hemos recibido de Él y que a su servicio deben ser encaminadas. Con la reparación y expiación de los pecados propios y ajenos nos ayudamos mutuamente en el camino que conduce al Padre Celestial y participamos también en la expiación de Cristo. Así en la Liturgia del Corazón de Jesús se pide que nuestra ofrenda resulte agradable para la reparación de los pecados. Oración que puede decirse después de cada una de las comuniones de los nueve primeros viernes- Jesús mío dulcísimo, que en tu infinita y dulcísima misericordia prometiste la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de tu Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acuérdate de esta promesa, y a mí, indigno siervo tuyo, que acabo de recibirte sacramentado con este fin e intención, concédeme que muera detestando todos mis pecados, creyendo en Ti con fe viva, esperando en tu inefable misericordia y amando la bondad de tu amantísimo Corazón. Amén Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo: tened piedad de nosotros. Corazón de Jesús, rico con todos los que os invocan: tened piedad de nosotros . Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en Ti: tened piedad de nosotros

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