miércoles, 1 de enero de 2014

Intenciones del Santo Padre para el mes de enero

Intención Universal: Para que se promueva un desarrollo económico auténtico, respetuoso de la dignidad de todas las personas y todos los pueblos.
Intención por la Evangelización: Para que los cristianos de las distintas confesiones caminen hacia la unidad deseada por Cristo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Intenciones del santo padre para el mes de diciembre

Intención General: Que los niños abandonados o víctimas de cualquier forma de violencia, encuentren el amor y la protección que necesitan.
Intención Misionera: Que los cristianos, iluminados por el Verbo Encarnado, preparemos la venida del Salvador.

lunes, 25 de noviembre de 2013


El uso del incienso, según los libros litúrgicos vigentes

Lo que aquí se detalla es importante para ser tenido en cuenta por los equipos de liturgia de las parroquias. Ayudará mucho a celebrar digna y competentemente, sobre todo en las iglesias catedrales.
Las normas litúrgicas del uso del incienso presentan no pocas dudas.
No se trata simplemente de "esparcir" humo por doquier. El actual Caeremoniale episcoporum, más explícito que la Institutio Generalis Missalis Romani, en los números relativos a la incensaciòn, especifica lo siguiente:

 84. El rito de incensación expresa reverencia y oración, como se da a entender en el salmo 140,2 y en el Apocalipsis 8,3.

85. La materia que se coloca en el incensario, debe ser o sólo y puro incienso de olor agradable, o si se le agrega algo, procúrese que la cantidad de incienso sea mucho mayor.
86. En la Misa estacional del Obispo se usa el incienso:

       a) durante la procesión de entrada;

       b) al comienzo de la Misa, para incensar el altar;

       c) para la procesión y proclamación del Evangelio;

    d) en la preparación de los dones, para incensar las ofrendas, el altar, la cruz, al Obispo, a los concelebrantes y al pueblo;

       e) en el momento de mostrar la hostia y el cáliz, después de la consagración.

En otras Misas se puede emplear incienso, cuando se juzgue oportuno.(71)

 87. También se usa incienso, como se describe en los libros litúrgicos:

       a) en la dedicación de una iglesia y de un altar;

       b) en la consagración del sagrado crisma, cuando se llevan los óleos benditos;

       c) en la exposición del Santísimo Sacramento con la custodia;

       d) en las exequias de los difuntos.

 88. Además el incienso se emplea de ordinario, en las procesiones de la Presentación del Señor, del Domingo de Ramos, de la Misa en la Cena del Señor, de la Vigilia pascual, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; en la solemne traslación de las reliquias, y en general en las procesiones que se hacen con solemnidad.

 89. En Laudes y Vísperas solemnes, se puede incensar el altar, al Obispo y al pueblo mientras se canta el cántico evangélico.

 90. El Obispo, si está en la cátedra, o en otra sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie; el diácono le presenta la naveta (72) y el Obispo bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. (73)

Después el diácono recibe el incensario de manos del acólito y lo entrega al Obispo. (74)

 91. Antes y después de incensar, se hace inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa; se exceptúan el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa. (75)

 92. Con tres movimientos dobles se inciensa: el Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas solemnemente, también las ofrendas, la cruz del altar, el libro de los Evangelios, el cirio pascual, el Obispo o el presbítero celebrante, la autoridad civil que por oficio está presente en la sagrada celebración, el coro y el pueblo, el cuerpo del difunto.

Con dos movimientos dobles se inciensan las reliquias e imágenes de los Santos expuestos para pública veneración.

 93. El altar se inciensa con movimientos sencillos de la siguiente manera:

      a) Si el altar está separado de la pared, el Obispo lo inciensa pasando alrededor del mismo.

      b) Si el altar está unido a la pared, el Obispo, mientras va pasando, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.

Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así, el Obispo la inciensa cuando pase ante ella. (76)

Las ofrendas se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz.

 94. El Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas.

 95. Las reliquias y las imágenes sagradas expuestas a la veneración pública se inciensan después de la incensación del altar. En la Misa, sin embargo, únicamente al inicio de la celebración.

 96. El Obispo, tanto en el altar como en la cátedra, recibe la incensación estando de pie, sin mitra, a no ser que ya la tenga.

El diácono inciensa a todos los concelebrantes al mismo tiempo.
Por último, el diácono inciensa al pueblo desde el sitio más conveniente.

Los canónigos que acaso no concelebran, o reunidos en coro, son incensados todos al mismo tiempo con el pueblo, a no ser que la disposición de los lugares aconseje otra cosa.

Lo anterior vale también para los Obispos que acaso estén presentes.

 97. El Obispo que preside, sin que celebre la Misa, es incensado después del celebrante o de los concelebrantes.

El que Preside la Nación, y que viene por oficio a la sagrada celebración, donde existe la costumbre, es incensado después del Obispo.

 98. Las moniciones o las oraciones que han de ser oídas por todos; no las diga el Obispo antes de que termine la incensación.

 Notas:

 71 Cf. Misal Romano Instrucción general, n. 235.

72 Dos acólitos pueden acercarse al Obispo: uno lleva el incensario y el otro la naveta, o también un solo acólito que lleva en la mano izquierda el incensario con carbones encendidos, y en la derecha la naveta con incienso y la cucharilla (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, l, XXlll, 1).

73 Cf. Misal Romano, Instrucción general, n. 236.

El diácono recibe de la mano del acólito la naveta un poco abierta y la cucharilla que está en ella, y la presenta al Obispo. Este toma la cucharilla y saca tres veces incienso de la naveta y otras tantas veces lo echa en el incensario. Terminado esto, y devuelta al ministro la cucharilla, el Obispo hace con la mano el sigo de la cruz sobre el incienso que está en el incensario (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, I, XXIII, 1-2).

74 El diácono "devuelve al acólito la naveta, y recibe de él el incensario, que le entrega al Obispo: la parte superior de las cadenas la coloca en la mano izquierda del Obispo, y el incensario en la derecha" (Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, I, lX, 1).

75 El que inciensa "sostiene con la mano izquierda las cadenas por su parte superior, y con la derecha las mismas, juntas, cerca del incensario y lo sostiene de tal manera que pueda cómodamente moverlo y dejarlo que vuelva hacia él". Advierta que al incensar debe hacerlo con dignidad y decoro, sin mover el cuerpo o la cabeza. Tendrá la mano izquierda -que sostiene la parte superior de las cadenas- firme y estable sobre el pecho; la mano y el brazo derecho las moverá con el incensario en forma cómoda y continua" (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886. I, XXlIl. 4 y 8).

76 Cf. Misal Romano, Instrucción general, n. 236. 

 
Particularidades que se desprenden de la normativa vigente:

 
-No existen los golpes triples de turíbulo. Siempre son dos o tres golpes dobles (se llaman técnicamente ductus); o bien, golpes simples, para el Altar (se llaman ictus).

-El incienso se puede usar en cualquier forma de Misa. Las ofrendas también pueden incensarse trazando con el turíbulo una cruz sobre ellas.
 
-El orden de los tres ductus siempre es centro, izquierda y derecha (del turiferario); y el de los dos ductus, izquierda y derecha (del turiferario).

 -El único que coloca incienso en el turíbulo es el que preside la celebración, y nadie más. Lo hace por primera vez en la sacristía, o mejor, si hubiere, en el secretarium (que no es lo mismo que la sacristía), antes de la procesión de entrada. El antiguo Ceremonial sugería que se colocaran siempre tres cucharadas de incienso en el turíbulo, queriendo expresar que todo culto, en definitiva, está dirigido a la Trinidad. El nuevo Ceremonial, como puede apreciarse, conserva esta sugerencia. 

-En la procesión de entrada el turiferario debe ir con el turíbulo humeante, avanzando por el lado derecho de sí, ya que a su izquierda, debe ir otro ministro con la naveta; y en las liturgias episcopales, (la primera de las cuales es la papal), a veces se suma un tercer ministro, que se encargará de lo que se requiera, de acuerdo con la particularidad de los ritos. Los tres ministros (o los dos), deben ir unos pasos adelante del cruciferario, el cual debe ir siempre al centro. El turíbulo humeante se lleva con una sola mano, trazando líneas imaginarias en la misma dirección. La otra mano va al pecho.


 

 

 

 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Intenciones del santo padre para el mes de noviembre

Intención General: Que los sacerdotes que experimentan dificultades sean confortados en su sufrimiento, sostenidos en sus dudas y confirmados en su fidelidad.
Intención Misionera: Que como fruto de la Misión Continental, las Iglesias de América Latina envíen misioneros a otras Iglesias.

martes, 1 de octubre de 2013

Intenciones del Santo Padre para el mes de octubre

Intención General: Que quienes se sienten agobiados hasta el extremo de desear el fin de su vida, adviertan la cercanía amorosa de Dios.
Intención Misional: Que la jornada Misionera Mundial nos anime a ser destinatarios y también anunciadores de la Palabra de Dios.

sábado, 14 de septiembre de 2013


Día 15: XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Meditación del Evangelio de San Lucas: 15,1-32
Es muy oportuno meditar esta página de san Lucas en todo tiempo. Jesús muestra, no sólo a los escribas y fariseos que murmuraban de Él entonces, sino a la humanidad de ahora y de siempre, qué significan los Mandamientos y cómo es el corazón de Dios. De la mano del Santo Padre, Juan Pablo II, meditemos brevemente esta parábola. Asistidos por el Espíritu Santo, concluiremos con el Papa, que Dios es un Padre amantísimo de sus hijos los hombres y que nuestro único verdadero mal es apartarnos de Él.
        "El hombre, todo hombre –afirma Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Reconciliación y Penitencia–, es este hijo pródigo: hechizado por la tentación de separarse del Padre para vivir independientemente la propia existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío que, como espejismo, lo había fascinado; solo, deshonrado, explotado mientras buscaba construirse un mundo todo para sí; atormentado –incluso–, desde el fondo de la propia miseria, por el deseo de volver a la casa del Padre. Como el padre de la parábola, Dios anhela el regreso del hijo, lo abraza a su llegada y adereza la mesa para el banquete del nuevo encuentro, con el que se festeja la reconciliación".
        Sin embargo, parece que necesitamos reconvencernos una y otra vez de que nuestro Creador y Señor es verdaderamente bueno y digno de toda confianza. Será preciso comprender que si no lo vemos lleno de bondad es posiblemente porque vivimos apegados a nuestras apetencias, fijos los ojos en esos otros bienes que tenemos o que deseamos, pero que ni son Dios ni a Dios conducen. Por el contrario, "hechizados" –según dice gráficamente el Santo Padre– por unos deleites pasajeros, nos desviamos del camino que ha dispuesto nuestro Padre Dios para llegar a Él. Por eso, es muy conveniente que nos sintamos protagonistas de la parábola evangélica encarnando la figura del hijo menor. Es preciso sentirnos aludidos, reconocer que más de una vez nos importó poco el ambiente acogedor de la vida cristiana –que por momentos se nos hacía odioso– y las costumbres de la Iglesia: el hogar en la tierra de nuestro Padre del Cielo.
        A veces, en efecto, nos sucede como al hijo menor de la parábola: soñamos con ideales de vida que son ajenos al querer de Quien nos pensó, y nos dio la existencia y todos nuestros talentos. Nos consta su bondad al vernos en el lugar de privilegio que, según su voluntad, ocupamos en este mundo frente al resto de la creación. Estamos convencidos también, como aquel hijo menor, de que nunca nos faltará lo necesario para ser felices si somos fieles, porque vivimos con un Padre muy bueno. Sin embargo, de cuando en cuando nos ciegan las pasiones y se apodera de nosotros el orgullo: desconfiamos de Dios para hacer nuestro antojo –comodidad, independencia, autonomía, prestigio, fama, riquezas, sensualidad, honores, poder, orgullo, etc.–, que en ese momento preferimos a su voluntad.
        Al poco tiempo –muchos años es también poco tiempo en la historia del mundo– vamos a experimentar necesariamente el hastío. Sucede siempre –sólo nos puede saciar Dios–, que cualquier otro ideal logrado, distinto de Él mismo, nos acaba pareciendo pequeño. Y no es raro que la injusticia propia de las obras sin Dios, se vuelva contra el injusto y acabemos pagando en propia carne las consecuencias de nuestros desvaríos. Así sucede a los egoístas, que son tristes; a los que mienten, que pierden credibilidad; a los orgullosos, que se quedan solos... Como a aquel hijo menor, las consecuencias de los propios pecados nos harán sufrir.
        Que la experiencia de la poquedad la personal, con la tristeza que le acompaña, nos hagan recapacitar, como recapacitó aquel hijo, y que volvamos arrepentidos cada vez que sea preciso al sacramento de la Penitencia. Nuestro Padre Dios nos espera siempre y nuestra Madre se alegra lo indecible con nuestro regreso.
(Fuente: Fluvium.org)

domingo, 1 de septiembre de 2013

Intenciones del Santo Padre para el mes de setiembre

Intención General: Que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a menudo abrumados por el bullicio, redescubran el valor del silencio y sepan escuchar a Dios y a los hermanos.
Intención Misionera: Que los cristianos perseguidos puedan testimoniar el amor de Cristo.

martes, 20 de agosto de 2013

San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.
 
Nació el año 1090 cerca de Dijon (Francia). Recibió una piadosa educación , y el año 1111 se unió a los monjes del Císter; poco después, fue elegido abad del monasterio de Claraval, cargo que desempeñó con gran provecho para sus monjes. A causa de las divisiones que aquejaban por entonces a la Iglesia, se vio obligado a viajar por Europa, con el objeto de restablecer la paz y la unidad. Escribió mucho sobre teología y ascética. Murió el año 1153.
Oración: "Dios nuestro, que hiciste que el abad san Bernardo, encendido en el celo de tu casa, no sólo ardiera en tu amor, sino que resplandeciera en la Iglesia para iluminarla, concédenos, por su intercesión, que animados de ese mismo espíritu, vivamos siempre como hijos de la luz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

viernes, 2 de agosto de 2013

¿Sabias que...?

 
La creación de cardenales se lleva a cabo por decreto explícito del Romano Pontífice a quienes elige para ser sus principales colaboradores y asistentes.

Intenciones del Santo Padre para el mes de agosto

Intención General: Que padres y educadores ayuden a las nuevas generaciones a crecer con una conciencia recta y en una vida coherente.
Intención Misional: Que las iglesias locales en África, fieles al evangelio, promuevan la construcción de la paz y la justicia.