lunes, 25 de noviembre de 2013


El uso del incienso, según los libros litúrgicos vigentes

Lo que aquí se detalla es importante para ser tenido en cuenta por los equipos de liturgia de las parroquias. Ayudará mucho a celebrar digna y competentemente, sobre todo en las iglesias catedrales.
Las normas litúrgicas del uso del incienso presentan no pocas dudas.
No se trata simplemente de "esparcir" humo por doquier. El actual Caeremoniale episcoporum, más explícito que la Institutio Generalis Missalis Romani, en los números relativos a la incensaciòn, especifica lo siguiente:

 84. El rito de incensación expresa reverencia y oración, como se da a entender en el salmo 140,2 y en el Apocalipsis 8,3.

85. La materia que se coloca en el incensario, debe ser o sólo y puro incienso de olor agradable, o si se le agrega algo, procúrese que la cantidad de incienso sea mucho mayor.
86. En la Misa estacional del Obispo se usa el incienso:

       a) durante la procesión de entrada;

       b) al comienzo de la Misa, para incensar el altar;

       c) para la procesión y proclamación del Evangelio;

    d) en la preparación de los dones, para incensar las ofrendas, el altar, la cruz, al Obispo, a los concelebrantes y al pueblo;

       e) en el momento de mostrar la hostia y el cáliz, después de la consagración.

En otras Misas se puede emplear incienso, cuando se juzgue oportuno.(71)

 87. También se usa incienso, como se describe en los libros litúrgicos:

       a) en la dedicación de una iglesia y de un altar;

       b) en la consagración del sagrado crisma, cuando se llevan los óleos benditos;

       c) en la exposición del Santísimo Sacramento con la custodia;

       d) en las exequias de los difuntos.

 88. Además el incienso se emplea de ordinario, en las procesiones de la Presentación del Señor, del Domingo de Ramos, de la Misa en la Cena del Señor, de la Vigilia pascual, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; en la solemne traslación de las reliquias, y en general en las procesiones que se hacen con solemnidad.

 89. En Laudes y Vísperas solemnes, se puede incensar el altar, al Obispo y al pueblo mientras se canta el cántico evangélico.

 90. El Obispo, si está en la cátedra, o en otra sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie; el diácono le presenta la naveta (72) y el Obispo bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. (73)

Después el diácono recibe el incensario de manos del acólito y lo entrega al Obispo. (74)

 91. Antes y después de incensar, se hace inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa; se exceptúan el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa. (75)

 92. Con tres movimientos dobles se inciensa: el Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas solemnemente, también las ofrendas, la cruz del altar, el libro de los Evangelios, el cirio pascual, el Obispo o el presbítero celebrante, la autoridad civil que por oficio está presente en la sagrada celebración, el coro y el pueblo, el cuerpo del difunto.

Con dos movimientos dobles se inciensan las reliquias e imágenes de los Santos expuestos para pública veneración.

 93. El altar se inciensa con movimientos sencillos de la siguiente manera:

      a) Si el altar está separado de la pared, el Obispo lo inciensa pasando alrededor del mismo.

      b) Si el altar está unido a la pared, el Obispo, mientras va pasando, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.

Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así, el Obispo la inciensa cuando pase ante ella. (76)

Las ofrendas se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz.

 94. El Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas.

 95. Las reliquias y las imágenes sagradas expuestas a la veneración pública se inciensan después de la incensación del altar. En la Misa, sin embargo, únicamente al inicio de la celebración.

 96. El Obispo, tanto en el altar como en la cátedra, recibe la incensación estando de pie, sin mitra, a no ser que ya la tenga.

El diácono inciensa a todos los concelebrantes al mismo tiempo.
Por último, el diácono inciensa al pueblo desde el sitio más conveniente.

Los canónigos que acaso no concelebran, o reunidos en coro, son incensados todos al mismo tiempo con el pueblo, a no ser que la disposición de los lugares aconseje otra cosa.

Lo anterior vale también para los Obispos que acaso estén presentes.

 97. El Obispo que preside, sin que celebre la Misa, es incensado después del celebrante o de los concelebrantes.

El que Preside la Nación, y que viene por oficio a la sagrada celebración, donde existe la costumbre, es incensado después del Obispo.

 98. Las moniciones o las oraciones que han de ser oídas por todos; no las diga el Obispo antes de que termine la incensación.

 Notas:

 71 Cf. Misal Romano Instrucción general, n. 235.

72 Dos acólitos pueden acercarse al Obispo: uno lleva el incensario y el otro la naveta, o también un solo acólito que lleva en la mano izquierda el incensario con carbones encendidos, y en la derecha la naveta con incienso y la cucharilla (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, l, XXlll, 1).

73 Cf. Misal Romano, Instrucción general, n. 236.

El diácono recibe de la mano del acólito la naveta un poco abierta y la cucharilla que está en ella, y la presenta al Obispo. Este toma la cucharilla y saca tres veces incienso de la naveta y otras tantas veces lo echa en el incensario. Terminado esto, y devuelta al ministro la cucharilla, el Obispo hace con la mano el sigo de la cruz sobre el incienso que está en el incensario (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, I, XXIII, 1-2).

74 El diácono "devuelve al acólito la naveta, y recibe de él el incensario, que le entrega al Obispo: la parte superior de las cadenas la coloca en la mano izquierda del Obispo, y el incensario en la derecha" (Ceremonial de los Obispos, ed. 1886, I, lX, 1).

75 El que inciensa "sostiene con la mano izquierda las cadenas por su parte superior, y con la derecha las mismas, juntas, cerca del incensario y lo sostiene de tal manera que pueda cómodamente moverlo y dejarlo que vuelva hacia él". Advierta que al incensar debe hacerlo con dignidad y decoro, sin mover el cuerpo o la cabeza. Tendrá la mano izquierda -que sostiene la parte superior de las cadenas- firme y estable sobre el pecho; la mano y el brazo derecho las moverá con el incensario en forma cómoda y continua" (cf. Ceremonial de los Obispos, ed. 1886. I, XXlIl. 4 y 8).

76 Cf. Misal Romano, Instrucción general, n. 236. 

 
Particularidades que se desprenden de la normativa vigente:

 
-No existen los golpes triples de turíbulo. Siempre son dos o tres golpes dobles (se llaman técnicamente ductus); o bien, golpes simples, para el Altar (se llaman ictus).

-El incienso se puede usar en cualquier forma de Misa. Las ofrendas también pueden incensarse trazando con el turíbulo una cruz sobre ellas.
 
-El orden de los tres ductus siempre es centro, izquierda y derecha (del turiferario); y el de los dos ductus, izquierda y derecha (del turiferario).

 -El único que coloca incienso en el turíbulo es el que preside la celebración, y nadie más. Lo hace por primera vez en la sacristía, o mejor, si hubiere, en el secretarium (que no es lo mismo que la sacristía), antes de la procesión de entrada. El antiguo Ceremonial sugería que se colocaran siempre tres cucharadas de incienso en el turíbulo, queriendo expresar que todo culto, en definitiva, está dirigido a la Trinidad. El nuevo Ceremonial, como puede apreciarse, conserva esta sugerencia. 

-En la procesión de entrada el turiferario debe ir con el turíbulo humeante, avanzando por el lado derecho de sí, ya que a su izquierda, debe ir otro ministro con la naveta; y en las liturgias episcopales, (la primera de las cuales es la papal), a veces se suma un tercer ministro, que se encargará de lo que se requiera, de acuerdo con la particularidad de los ritos. Los tres ministros (o los dos), deben ir unos pasos adelante del cruciferario, el cual debe ir siempre al centro. El turíbulo humeante se lleva con una sola mano, trazando líneas imaginarias en la misma dirección. La otra mano va al pecho.


 

 

 

 

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