jueves, 2 de abril de 2015

LA PASIÓN NARRADA POR UN FISIÓLOGO (1) : LA ORACIÓN EN EL HUERTO



Jesús se retira a orar al Huerto de los Olivos, y se prepara para la Pasión

La Última Cena
En la mañana del Jueves Santo, Jesús realizó un largo desplazamiento a pie hasta Jerusalén. Era el mes de Nisán, que coincide con los meses de Marzo o Abril de nuestro calendario. En la noche de ese día celebró su Última Cena -la cena pascual- con los doce discípulos. La cena pascual de los judíos es una comida muy completa: consistía en verduras amargas, cordero asado y pan ácimo, seguramente acompañado de un poco de vino y, desde luego, agua. Excelente aporte de azúcares, aminoácidos, grasas, fibra, minerales y vitaminas, muy adecuada para cubrir las demandas de nutrientes que su organismo iba a necesitar en las siguientes doce horas de agonía y dolor.

Es muy posible que la absorción de glucosa, grasas, aminoácidos y otros nutrientes estuviera seriamente comprometida por la fuerte descarga nerviosa de stress que soportaría poco después, provocando vasoconstricción sobre los vasos del tracto gastrointestinal, de manera que la digestión y la absorción de nutrientes no pudiera realizarse con normalidad.

El alimento en el estómago pudo haber causado una cierta sensación grata de llenado gástrico. Pero no es menos cierto que también, como consecuencia de los múltiples acciones extremadamente dolorosas y violentas que experimentaría después, se produjeran mareos y nauseas -causados por la pérdida abundante de sangre, sensación de desorientación por empujones, golpes en la cabeza, permanecer de pie durante mucho tiempo- y vómitos, que pudieran haber impregnado la ropa, con el olor consiguiente, aumentando más la penuria y postración del Hijo de Dios.

En la cena pascual, Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía, momento de gran tensión emocional para Jesús. Judas consuma su traición. Y Jesús conoce, y anuncia, la cercana triple negación de Pedro y la huida, por miedo, de los demás discípulos. Las palabras de Jesús son fuertes y vehementes: “Ardientemente he deseado celebrar esta pascua” (Lc 22, 14). El estado psíquico de Jesús es de gran emoción, angustia, tristeza y, al mismo tiempo, gozo de quien sabe que está a punto de consumar la Redención.

En el Huerto de los Olivos

Acabada la cena, partió con sus discípulos al Getsemaní, el Huerto de los Olivos. Dice el Evangelio, que estando allí, “Jesús entró en agonía” (Lc 22, 44): Es la única ocasión en los evangelios en que aparece la palabra agonía, palabra griega que significa “estar dispuesto para el combate, para la lucha”. Jesús agoniza en el sentido de estar dispuesto o preparado para sufrir todo el cúmulo de tormentos –físicos, psicológicos y morales- que Él sabe perfectamente que están a punto de venir, y que culminarán con la muerte en la Cruz.

Podemos imaginar la profunda angustia y abatimiento de Jesús: soledad, tristeza, desconsuelo, gran aflicción. Su naturaleza humana rechaza la pasión: “Si es posible aparta de mí este cáliz” (Lc 22,39), pero acepta la voluntad del Padre. Un ángel le conforta.

En este momento se produjo una intensa descarga nerviosa vegetativa, llamada reacción de alarma o stress, que cursa con una fuerte constricción de los vasos sanguíneos cutáneos, provocando debilidad y ablandamiento de la piel, y vasos abdominales, reconduciendo el flujo sanguíneo a los órganos vitales: corazón y cerebro. Esta descarga nerviosa también produce una gran dilatación de los vasos sanguíneos que rodean las glándulas sudoríparas. Comienza entonces una intensa sudoración que empaparía la ropa de Jesús y al evaporarse causaría una terrible y constante sensación de frío, intensificada por la noche.

El efecto vasodilatador debió de ser incrementado por la liberación glandular a sangre del enzima formador de bradiquinina. Es una enzima que, al actuar sobre una globulina plasmática, da lugar a la formación de bradiquinina, provocando una fuerte acción vasodilatadora adicional. La liberación de bradiquinina equivale a una mayor sudoración y por tanto a un mayor enfriamiento al evaporarse el sudor. Es posible que la ropa permaneciera mojada de sudor durante toda la Pasión, lo que podría haber causado una sensación de frío constante.

El sudor de sangre

El grandísimo volumen de sangre que tendrían que soportar los capilares que rodeaban las glándulas sudoríparas debido a la gran vasodilatación, sumado al flujo proveniente de grandes áreas abdominales y superficiales, con el efecto adicional de la bradiquinina, supuso un aumento de presión sanguínea que los pequeños vasos no pudieron soportar, provocando su ruptura. La sangre de las pequeñas pero numerosas hemorragias locales podría haber salido por capilaridad a través de los propios conductos sudoríparos, especialmente en la cara, frente, palma de las manos y pies, quizá también en la cabeza y cuello, lugares en los que existe una abundante población de glándulas sudoríparas. Se habría vertido hacia el exterior una mezcla de sudor y sangre.

San Lucas, médico, escribe en su evangelio que Jesús sudó sangre (Lc 22, 44) y que la sangre empapó la tierra del suelo del Huerto. Describe una hematidrosis, situación extremadamente rara que se ha descrito en personas sometidas a una fortísima situación de stress en las horas previas a una ejecución cierta, irrevocable y extremadamente cruel.

Posiblemente la pérdida de sangre a causa de la hematidrosis no fuera muy relevante cara al comienzo de un shock hipovolémico (coma provocado por pérdidas importantes de líquido), pero desde luego, no puede de dejar de tenerse en cuenta, especialmente como indicadora de debilidad cutánea y del tremendo shock emocional y psíquico al que estaba sometida la naturaleza humana de Jesús.

Puesto que San Lucas escribe sobre sangre que empapa el suelo, parece que se confirma el diagnóstico de hematidrosis, más que el de cromohidrosis (“agua o sudor coloreado”), que consiste en una sudoración amarillo-verdosa o marrón, compuesta por sudor y restos de glóbulos rojos y hemoglobina oxidada que colorea el sudor. En el Huerto de los Olivos se produjo, pues, la primera hemorragia de la Pasión de Jesús, sin que ningún agente externo mecánico o traumático actuara sobre su cuerpo.

Los mecanismos fisiológicos que acompañan la situación de angustia provocan una dramática elevación de las concentraciones en sangre de adrenalina, noradrenalina, sustancias químicas que dan lugar a una agotadora y extrema taquicardia. También aumentan en sangre el cortisol y glucagón, con aumento de azúcar en sangre, y una bajada de insulina.

Otros efectos de la fuerte situación de stress son: midriasis (contracción pupilar), aceleración del ritmo respiratorio, e hipercortisolemia, que contribuye a la hiperglucemia. La pérdida de agua por sudoración abundante y por la hematidrosis, así como la alta concentración de azúcar en sangre, debieron provocar una sed ardiente, y la aparición de heridas en la mucosa bucal y lingual. Jesús padecería escalofríos y temblores por el frío de la noche y de la ropa empapada por un intenso volumen de sudor enfriado, sumado a la debilidad por el insomnio. No se puede descartar, por otra parte, el comienzo de alteraciones en la coagulación y sistema inmune de Jesús, como un aumento de la agregación plaquetaria y activación de mastocitos tisulares y basófilos circulantes.

La intensa descarga del sistema nervioso pudo producir encefalinas, que junto con las endorfinas y dinorfinas de diversas procedencias, pudieron contribuir a aliviar ligeramente el dolor físico posterior, pues estas sustancias bloquean parte de la vía sensorial termoalgésica y otras áreas supramedulares implicadas en el control endógeno del dolor.

Por la misma descarga nerviosa se pudo haber producido un erizado de los cabellos de la cabeza, a causa de la fuerte contracción de los músculos piloerectores, cuya función se relaciona con procesos termorreguladores conservadores de calor corporal, en la medida que favorecen que se atrapen capas de aire caliente próximas a la piel. Pudo ser también muy posible que la fuerte constricción de los vasos de los folículos pilosos originara isquemia (falta de oxígeno) y pérdida de cabello. Se han descrito casos de pérdida muy grande de pelo como consecuencia de un trance angustioso de gran terror y espanto.

La traición de Judas

Podemos imaginar el terror de los discípulos al ver el aspecto externo de Jesús que se desprende indudablemente de la hematidrosis: el rostro pálido, lívido, quizás con el cabello erizado, sudoroso, con manchas de sangre visibles en la frente y en la cara, en la negrura de una noche llena de presagios terroríficos y que comienza a iluminarse con luces irregulares procedentes de antorchas de gente que llega: no extraña el espanto de aquellos pobres hombres, medio dormidos, que salen corriendo.

Judas, su amigo, le entrega con un beso. Más dolor y aflicción por la traición de uno de sus elegidos, a quien en el momento de la entrega llama amigo.

(Fuente: Conoceréis de verdad. org)

La Iglesia ofrece el Sacrificio Eucarístico

Toda la Iglesia se une a la ofrenda y a la intercesión de Cristo. Encargado del ministerio de Pedro en la Iglesia, el Papa es asociado a toda celebración de la Eucaristía en la que es nombrado como signo y servidor de la unidad de la Iglesia universal. El obispo del lugar es siempre responsable de la Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero; el nombre del obispo se pronuncia en ella para significar su presidencia de la Iglesia particular en medio del presbiterio y con la asistencia de los diáconos.
 La comunidad intercede también por todos los ministros que, por ella y con ella, ofrecen el sacrificio eucarístico:
Que sólo sea considerada como legítima la eucaristía que se hace bajo la presidencia del obispo o de quien él ha señalado para ello (S. Ignacio de Antioquía, Smyrn. 8,1).
Por medio del ministerio de los presbíteros, se realiza a la perfección el sacrificio espiritual de los fieles en unión con el sacrificio de Cristo, único Mediador. Este, en nombre de toda la Iglesia, por manos de los presbíteros, se ofrece incruenta y sacramentalmente en la Eucaristía, hasta que el Señor venga (PO 2).
A la ofrenda de Cristo se unen no sólo los miembros que están todavía aquí abajo, sino también los que están ya en la gloria del cielo: La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico en comunión con la santísima Virgen María y haciendo memoria de ella así como de todos los santos y santas. En la Eucaristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida a la ofrenda y a la intercesión de Cristo.
El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos "que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados" (Cc. de Trento: DS 1743), para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo:
Enterrad este cuerpo en cualquier parte; no os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que, dondequiera que os hallareis, os acordéis de mi ante el altar del Señor (S. Mónica, antes de su muerte, a S. Agustín y su hermano; Conf. 9,9,27).

A continuación oramos (en la anáfora) por los santos padres y obispos difuntos, y en general por todos los que han muerto antes que nosotros, creyendo que será de gran provecho para las almas, en favor de las cuales es ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y adorable víctima...Presentando a Dios nuestras súplicas por los que han muerto, aunque fuesen pecadores,... presentamos a Cristo inmolado por nuestros pecados, haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios amigo de los hombres (s. Cirilo de Jerusalén, Cateq. mist. 5, 9.10).
S. Agustín ha resumido admirablemente esta doctrina que nos impulsa a una participación cada vez más completa en el sacrificio de nuestro Redentor que celebramos en la Eucaristía:
Esta ciudad plenamente rescatada, es decir, la asamblea y la sociedad de los santos, es ofrecida a Dios como un sacrificio universal por el Sumo Sacerdote que, bajo la forma de esclavo, llegó a ofrecerse por nosotros en su pasión, para hacer de nosotros el cuerpo de una tan gran Cabeza...Tal es el sacrificio de los cristianos: "siendo muchos, no formamos más que un sólo cuerpo en Cristo" (Rm 12,5). Y este sacrificio, la Iglesia no cesa de reproducirlo en el Sacramento del altar bien conocido de los fieles, donde se muestra que en lo que ella ofrece se ofrece a sí misma (civ. 10,6).
(Fuente: conoceréis de verdad org)

miércoles, 1 de abril de 2015

INTENCIONES DEL SANTO PADRE PARA EL MES DE ABRIL
Intención Universal: Para que las personas aprendan a respetar la creación y a cuidarla como don de Dios.
Intención por la Evangelización: Para que los cristianos perseguidos sientan la presencia reconfortante del Señor Resucitado y la solidaridad de toda la Iglesia.

domingo, 15 de marzo de 2015

A continuación les dejo una serie de elementos a tener en cuenta a la hora de tener que ejercer la función de lector en una celebración litúrgica.
Son reglas sencillas y claras, muy conocidas, pero que en general no son observadas por  quienes proclaman la Palabra de Dios, lo que ocasiona que el momento de la celebración de la Palabra carezca de la importancia y seriedad que le es propia.
Espero que sean de utilidad para el lector y para la asamblea litúrgica.

GUIA PARA UNA BUENA LECTURA LITÚRGICA

Cuando tenga que leer en las celebraciones litúrgicas, tenga en cuenta lo siguiente:
·         ¿Dónde hacer una pausa?
·         ¿Qué palabras enfatizar?
·         Distinguir los personajes, comunicándoles individualidad.
·         Evitar el tono monocorde.
·         Usar la intensificación de la voz para expresar alguna emoción.
·         Aprender a usar el ritmo para marcar también alguna emoción. (acelerado o lento dependiendo en cada caso del contexto.
·         Cada palabra tiene parámetros distintos de: intensidad, ritmo, cadencia, tono, según el lugar que ocupa en la frase.
·         En un pasaje largo se debe hacer notar las variaciones de ritmo, y tono, así como de intensidad para lograr el efecto apropiado.
·         Las palabras claves, aquellas que transmiten el significado de una frase, deben ser descubiertas por el lector al preparar la lectura. Estas deben destacarse por el énfasis al leerlas.
·         Cuando una oración expresa más de una idea, cada una de éstas deberá ser destacada, empleando la voz.
·         Las pausas tienen distintas duraciones; muchas pausas hacen una lectura irregular, pocas pausas, la hacen incomprensible.
·         Articular las palabras, sus vocales y consonantes. 
·         Las palabras que forman un grupo se deben leer sin interrupción para no romper el sentido.
·         ¿Cómo dar vida a la lectura?, con el tono y el ritmo; de otra manera una lectura puede tener claridad pero ser monótona y tediosa.

                                    Pausas
      Tener en                Énfasis - intensidad
      Cuenta:{               Ritmo                                        
                                    Inflexiones                
                                    Expresividad} Sinceridad.
                                                           Claridad.
                                                           Originalidad
                                                           Recogimiento.
                                                           Respeto.
                                                                             



ACTITUDES DEL LECTOR EN LA ASAMBLEA LITÚRGICA

·         Los lectores llegan juntos al ambón. Frente al altar hacen reverencia y suben al ambón en el orden establecido. Luego se retiran juntos, hacen reverencia frente al altar y vuelven a sus lugares.
·        Ajustar el micrófono frente a su boca, manteniéndose a una distancia de 15 centímetros aproximadamente.
·         Pararse derecho, las manos juntas o sobre el libro, no tomadas atrás, menos aún en los bolsillos, ni de brazos cruzados.
·        Cuidar el vestido. Tanto varones como mujeres, no subir al ambón en short, ni con ropas demasiados escotadas. Usar vestimenta sencilla, digna de la función que cumple en la asamblea.
·         Comenzar la lectura cuando haya absoluto silencio por parte de la asamblea.
·         Mirar a la asamblea, y comenzar: “Lectura...
·        Mantener la calma. El que preparó la lectura, ya sabe lo que va a leer y esto influye en tener y mostrar una actitud de tranquilidad.
·         Cada tanto, si se puede, levantar la vista y mirar a la asamblea.
·         Si hay equivocación al leer una palabra o frase, no ponerse nervioso; tranquilamente se detiene la lectura y se repite con naturalidad la palabra o frase, sin decir: perdón.
·         No apurarse, aunque se tenga la tentación de hacerlo.
·         Leer las últimas palabras, de manera más lenta, de modo que note que el texto termina.
·         Después del último punto, hacer una pausa de 3 (tres) segundos, y entonces sí, decir “¡Palabra de Dios”.



viernes, 6 de marzo de 2015

Cuaresma: conversión y penitencia

El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el Padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.
(Fuente: conocereisdeverdad.org)

martes, 3 de marzo de 2015

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25.
 

Hagamos el bien, no una santidad fingida, invitó el Papa Francisco

Hagamos el bien, no una santidad fingida, invitó el Papa Francisco

lunes, 2 de marzo de 2015

INTENCIONES DEL SANTO PADRE PARA EL MES DE MARZO:
INTENCIÓN UNIVERSAL: Para que quienes se dedican a la investigación  científica se pongan al servicio del bien integral de la persona humana.
INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN: Para que se reconozca cada vez más la contribución propia de la mujer a la vida de la Iglesia.

sábado, 28 de febrero de 2015

En los albores del Cristianismo

TESTIMONIAN LA PRESENCIA DE CRISTIANOS EN EL SIGLO V
Hallan cruces y nombres de mártires en las rocas del desierto de Arabia Saudita
 
Una selva de cruces esculpidas en las rocas del desierto de Arabia Saudita, signo de la presencia de una vivaz comunidad cristiana alrededor del siglo V después de Cristo. Es el descubrimiento  hecho por un grupo franco-saudí de arqueólogos guiados por Frédric Imbert, profesor de la Universidad de Aix-Marsella.
 
 
(Asia News/InfoCatólica) En una conferencia en la universidad americana de Beirut, de la cual da noticia el Orient-Le Jour, el profesor Imbert expuso sus descubrimientos en las paredes de roca del Jabal Kawkab («la montaña de la estrella»), en la zona sur de Arabia Saudita, en el emirato de Najran.
La zona se llama Bir Hima o Abar Hima, un nombre «que se refiere a una zona de pozos conocidos desde la antigüedad». Según el arqueólogo, es probable que la zona fuese una zona de descanso para aprovisionarse de agua« para las caravanas que viajaban de Yemen a Najran.
Las cruces, afirma Imbert, «no son la únicas conocidas en Arabia del sur y del este», pero «son sin duda las más antiguas cruces cristianas en un contexto datado en el año 470 de nuestra era».
Lengua árabe pre-islámica
Con las cruces hay mezclados textos. El conjunto de las inscripciones se extiende por más de 1 km, con una serie de nombres, en una forma que se puede definir una lengua aramea local. Ellas representan una «lengua árabe pre-islámica, o más precisamente, una lengua nabateo-árabe».
Las inscripciones se colocan en el período del reino himairita de Shurihbil Yakkuf, que ha gobernado Arabia del sur del 470 al 475. Durante su dominio habrían iniciado las persecuciones de los cristianos. Es interesante notar que entre los nombres escritos entre las cruces hay nombres como Marthad y Rabi, ambos inscriptos en la lista de los mártires de Najran, en el así llamado «Libro de los Himairitas».
Para comprender el contexto en el cual las cruces y los nombres fueron ecritos en la roca, el profesor Imbert explicó que a fines de S. III D.C., en Arabia del sur estaba la dinastía himairita, que reinó por 150 años. Esta permaneció neutral entre los dos grandes imperios bizantino y persa, eligiendo al hebraísmo como religión.
Por su parte, el cristianismo se difundió en Arabia a partir de S. IV, pero «es en el S. Vi que se difunde en la región del Golfo, en las regiones costeras de Yemen y y en Najran»
La difusión del cristianismo se realiza gracias a los misioneros persas del Imperio Sasánide y gracias a los misioneros siríacos (que no aceptaban el Concilio de Calcedonia, sobre las dos naturalezas- divina y humana de Jesucristo). Dos obispos, consagrados en el año 485 y en el 519, pertenecería a la comunidad siríaca, quizás provenientes de Irak.
Hacia el 470-475, Yusuf (Dhu Nuwas) usurpa el trono himaitita. Y es él el que ordena la masacre de los cristianos de Najran. Tal masacre está confirmada por diversas fuentes cristianas. También el Corán menciona en la sura al-Buruk («las constelaciones»).
Los cristianos sobrevivientes envían un pedido a Khaleb, rey de Etopía, que envía una expedición militar en socorro de los perseguidos. El ejército de Yusuf es derrotado, a Yusuf lo matan y se instaura en Arabia un reino cristiano. Tal reino será un protectorado etíope hasta la conquista del islam.
Para Fredéric Imbert, las cruces y las inscripciones, son «el más antiguo libro de los Árabes», escrito «en las piedras del desierto», una página de historia de los Árabes y del cristianismo.
(Fuente: conocereisdeverdad.org)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Te traigo un texto con una breve historia del tiempo de adviento. Espero que te ayude a vivirlo más intensamente.
 

La palabra Adviento proviene del latín "Adventus" que significa la venida. En un principio con este término se denominaba al tiempo de la preparación para la segunda venida de Cristo o parusía y no el nacimiento de Jesús como ahora lo conocemos. Haciendo referencia a este tiempo la primitiva Iglesia meditaba sobre los pasajes evangélicos que hablan del fin del mundo, el juicio final y la invitación de San Juan Bautista al arrepentimiento y la penitencia para estar preparados.

No se sabe desde cuando se comienza a celebrar. En los antiguos leccionarios de Capua y Wursemburgo hacen referencia al Adventus Domini. En los leccionarios gregoriano y gelasiano se encuentran algunas plegarias con el título de Orationes de Adventu. Más tarde comienzan a aparecer las domínicas ante Adventum Domini, en las cuales al término adventus se le asocia con la preparación a la Navidad.

A pesar de que esta temporada es muy peculiar en las Iglesias de Occidente, su impulso original probablemente vino de las Iglesias Orientales, donde era común, después del Concilio ecuménico de Efeso en 431, dedicar sermones en los domingos previos a la Navidad al tema de la Anunciación. En Ravena Italia - un canal de influencia oriental a la iglesia de Occidente - San Pedro Crisóstomo (muerto en 450) daba estas homilías o sermones.

La primera referencia que se tiene a esta temporada es cuando el obispo Perpetuo de Tours (461-490) estableció un ayuno antes de Navidad que comenzaba el 11 de Noviembre (Día de San Martín). El Concilio de Tours (567) hace mención a la temporada de Adviento. Esta costumbre, a la cual se la conocía como la Cuaresma de San Martín, se extendió por varias iglesias de Francia por el Concilio de Macon en 581.

El período de seis semanas fue adoptado por la Iglesia de Milán y las iglesias de España. En Roma, no hay indicios del adviento antes de la mitad del siglo VI AD, cuando fue reducida - probablemente por el Papa Gregorio Magno (590-604) - a cuatro semanas antes de Navidad. La larga celebración gala dejó su presencia en libros de uso litúrgico como el Misal de Sarum (Salzburgo), que era muy usado en Inglaterra, con su domingo antes de Adviento. La llegada de Cristo en su nacimiento fue cubierta por un segundo tema, que también proviene de las iglesias galas, su Segunda venida al final de los tiempos. Este entretejido de temas de los dos advientos de Cristo da a la temporada una tensión particular entre penitencia y alegría en la espera de Cristo que está por "venir".

(Fuente: Churchforum)